Te marchaste, así de repente; como la ola del mar, que rompe el silencio y luego se esfuma. Su eco que irrumpía algunos instantes atrás se parece al sonido de tu marcha, así como ella y el mar. Te añoro más que nunca, eres la princesa de mis amores. Pero si prefieres permanecer callada sin hacer llamada o traer tu presencia a mis manos. Está bien, empero tu sabes que viajas por mis venas, que recorres la casa roja sin esperar la aurora; tú siempre duermes conmigo, y aunque el delirio te confunde con la almohada. Te aclaro, que no es por ser infiel. Sólo que los sueños te asemejan, cuando sellas tu llegada con la suavidad de la blanca nube y, cuando te alejas, creó oírte decir, amor, la tarde ya empezó. Entonces me refugio en ella, pues guarda tu calor…algo de humedad tuya y, tu silueta se dibuja aún como fugas vuelo. Me pregunto porque dejaste de amar…no contestes; sabes, te extraño no porque ya no estés conmigo; te extraño aquí adentro de mi corazón…parece que te extravías en las olas del océano de los delirios y ahora que lo medito, pasan los días y escapando van algunas lagrimas, que ruedan sin control, ya no sé adonde irán a parar...quizás lo sabes tú. Aunque es cosa de dos.
lunes, 4 de enero de 2010
EL BASURERO
Azotaba el frió sobre su frágil cuerpo. Apenas si alargaba su deshilachado suéter para cubrir sus manos. Mientras mostraba su caja de chicles. ¡Chicles, chicles! Caía la noche y la gente con algarabía, transitaba observando los escaparates de ropa, dulces y muchos juguetes. Pero, él sólo tenía su sorbo de moco que bajaba y subía en su protuberancia nasal. Sabía que esa noche, habría cena especial. Era Nochebuena. Y mañana, cuando abrieran los basureros, encontraría algún pedazo de pavo; desechado al bote del desperdicio. Con esa ilusión, encaminó sus pasos ofreciendo chicles para hacer de su largo trayecto un engaño de cercanía. Llegó al puente preferido, descendió y busco su derruido tubo de concreto; un cartón como petate y sobre su cuerpo arrimó hojas de papel periódico. Con la ilusión de despertar temprano y trasladarse al basurero para encontrar algún manjar extraviado de la noche anterior.
NOCHEBUENA Y PETIRROJO
Estaba rezagada en un atril del invernadero; la venta del invierno había pasado y nadie la compró. Su vida era monótona. El jardinero-vendedor le relegó hasta un rincón. Ella recordó la historia de la Cenicienta y ahora se sentía igual. Sin vestido ni zapatillas. Sólo esperaba soportar el duro verano y el otoño.
La incertidumbre le aterraba. Además, la maceta de plástico que la guardaba, se veía sucia y se descarapelaba por la inclemencia de la humedad y el calor del mediodía. También se imaginaba calva con la pérdida de sus hojas rojas y sus inflorescencias enfermas; en cada amanecer, sentía más cansancio. Sus vecinas –unas plantitas belicosas-, se mofaban y le gritaban ¡Pelona! ¡Zancuda! –Su delgadez era motivo del escarnio-. Un zeta chaparrón con sombrero ancho de color marfil, le preguntó sí era mala. Pues había quedado sola. Tal cuestionamiento le hizo pensar ¿Porque no tenía familia, acaso era un fenómeno arbóreo?
Esta tarde, mientras languidecía alguien se posó sobre ella. Se le ocurrió preguntar. Con desesperación usó todas las fuerzas de su voz sin follaje. ¿Quién soy? ¿Por qué siento morir? Un petirrojo escuchó y sin inmutarse, trineo. –Tú eres una planta bellísima; te llaman Cuetlaxochitl o Nochebuena, Estrella Federal, Corona del Inca, etc. y etc., eres la preferida por los humanos y te usan como símbolo de las fiestas navideñas en todo el mundo, en época de Navidad- ¿Navidad? ¿Qué es Navidad? Hubo un silencio y luego trineo dulcemente. -Significa renacer -Pero, ¿Cómo es eso? -Es como el proceso que vas a iniciar-. Escucha. En los últimos días, tu cuerpo se está preparando para un estado de catalepsia ¿cata…qué? Qué vas a invernar como los osos. ¿Por qué? Quiero decir –dijo el petirrojo- vas a dormir algunos meses y luego la naturaleza misma del fenómeno, te hará brotar con nuevas hojas verdes y rojas y serás la más presumida en este expendio de plantas. Se agregó un silencio; cada quién se sumió en sus cavilaciones. De pronto, sin esperar las gracias petirrojo levantó el vuelo. Mientras la Nochebuena, sintió que su savia, trajinaba en su interior con cansados pasos. Las pocas brácteas se preguntaban la razón. La noticia del petirrojo le colmaba de esperanzas. No era muerte su futuro, sino un largo sueño. Cerró los ojos y caviló. -Cuando vuelva a ser hermosa-, deseo que un hombre, rico e importante me lleve consigo, por ejemplo un presidente. Jijijiji; jijijijiji -mensa- ¡tonta!- gritaron sus vecinas- Se burlaron de ella; retorcidas de la risa. –La Nochebuena no sabía pensar en silencio- Se ruborizó y su cuerpo experimentó un calorcito que le fue sumiendo en los brazos de Morfeo.
El petirrojo, sintiendo ternura por aquella plantita en su letargo; le visita y le observa con impotencia. Él usurero de aquel lugar, no prodiga atención a su amiga. Sin embargo, ésta mañana. Notó que el hombre llegó más temprano en su destartalada camioneta. El gorrión pensó que era algo inusual y escogió el lugar idóneo para observar. Vio desempolvar algunos rincones y macetones. El pajarillo se hinchó de alegría cuando su amiga era transplantada en un bote de lámina con el letrero que decía “la-cos-te-ña. Jajajajaja. ¿Quién va a creer semejante mentira? Ella es de tiempos fríos. –Pero su amiga, cambiaba de habitación-. Su atuendo de plástico. -Era historia-. Petirrojo sintió que el cuerpo se le engarrotaba de frió. Era tiempo del alegre frió invernal. Recordó que tenía previsto iniciar precisamente ese día. Un vuelo para visitar a sus parientes, ubicados a cientos de kilómetros. Y no estaría para saludar a su amiga…
Cuando la Nochebuena salió de su letargo; constantemente miraba al cielo. Añorando la figura de su amigo púrpura.
Pasaron los días y fue creciendo en vanidad. Su vanagloria se volvió intensa; a cada cliente que entraba, -vestido de traje-. Se le inclinaba. Y con elegante coquetería se mostraba pues, quería un hogar de lujo…como la casa del presidente.
Y cuando entraban personas con actitud de regatear su precio. Ladinamente bajaba sus hojas y no se ruborizaba, antes bien; su tono languidecía. Despertando un desprecio para su compra. Como era alta y esbelta –la gente decía- No, esa no está tiernita ¡mira esa otra!, de seguro no estorbará…
La Nochebuena vivía entre su pavoneo y su deseo de emigrar de aquel lugar. Parecía que el tiempo le jugaba entre una mesa rica o un cambio de pretensiones. –Savió-, mientras una lágrima caía. De pronto. Sintió que era arrebatada del suelo y como pudo se desembarazó de sus húmedos ojos. Buscó con ansiedad, el rostro de quién la compraba. Su desaprobación fue total. Era un niño andrajoso. Que negociaba con el jardinero por quince pesitos. ¡Es un regalo para mi madre enferma! El jardinero de mala forma, acepto. Mientras la Nochebuena, sin ápice de indulgencia blasfemó –aparte de mugroso. También tacaño-.
Hoy reconocía que la felicidad encontrada en aquel hogar humilde, iba contra sus pretensiones de “rococó”. Había deseado mucho y, lo encontró de forma distinta. Y su felicidad fue completa cuando escuchó decir que la cuidaban para un regalo de navidad…
La madre la colocó en su bello corredor. Entre varias plantas ella resaltaba por su belleza y se pavoneaba cuando los visitantes le piropeaban.
…Había deseado ser rica y encontró la riqueza del alma humana ¡Feliz Navidad! Gritaba de felicidad.LA IMAGINÉ DEL OTRO LADO DEL MAR
Un sonido armonioso emanaba de las teclas blancas y negras cuya formación acompañaba el humo de los cigarros -consumiéndose a bocanadas fortuitas- pululaba sobre las mesitas distribuidas para recibir a hombres y mujeres sin importar su condición, edad o credencial. Mucha gente extraviada en sus meditaciones. Y entre ellos me encontraba sentado en solitario. Trataba de recordar algunas películas cuyo contenido fuese un bar y pensé que lugares así se asocian a riñas ocasionales entre clientes o bravucones; juegos de póker; borracheras y lágrimas; un barman bonachón o un vendedor de información y a veces con “cara de pocos amigos” –pensé que pantalla grande o chica tiene bastantes temáticas para explotar-.Un bar también recrea encuentros casuales y grandes amores o amigos fortuitos…en eso estaba mi pensamiento cuando sin pensarlo lo inferí corriendo, primero sobre la arena, luego saltando sobre las crestas de la olas tersas. Que absortas de mi presencia, absorbían delicadamente los rayos del sol; era como un sueño, porque pronto estaba en otro lugar. A la orilla de la costa española. Fue cuando llegó tu nombre y sin solicitar permiso se escuchó en voz alta. Mis labios lo pronunciaron como una ráfaga iluminada en el preámbulo de alguna tormenta. Y entonces empezó a bailar conmigo, en silencio, imaginándote con pantalones de mezclilla y una blusa escotada. Luego, sonreías. Contagiando tus ojos claros, tu iris y tú corazón…era como un amanecer en un velero antiguo con su proa, anunciando su majestuoso paso entre aquel cuerpo líquido, lleno de misticismo e inspiración. Sólo la Ópera es capaz de que por analogía dé cuenta de la intensidad de aquellos singulares momentos. Que se articulaban entre el candor de tu voz y el vaivén de tu mirada. Escudriñante; lejana; etérea y desapareciendo juguetona. Transportada como un ente en los parajes inimaginados del mar Mediterráneo…aunque del último trago de tequila, tengo ya varios minutos sin saborearlo; volví a abrir los ojos para buscarte y te encontré tan nítida, tan clara que para evitar tu escape, empecé a describir esta epopeya de mi pensamiento y con todo respeto te hice el personaje principal en la aventura de escribir. Ahora estás en la red como incógnita también. ¡Salud compañer@s!
PALABRAS LUCTUOSAS
Contexto:
Hombre ordinario. Ahora difunto; conglomerado de personas: familiares, amigos, morbosos de la noticia, deudores, amantes y algunos enemigos…el último adiós se convierte en una ceremonia especial y así debería ser. Sin embargo esta historia, tiene cola que le pisen. Durante la procesión del templo al panteón; algunos comentarios, prenden momentos rijosos...esta ocasión la empezaron las amantes que preocupadas de quedar desamparadas van diciendo en voz alta su derecho a todo…los demás, en aparente calma desorbitan los ojos y agudizan los oídos. Mientras otros se esfuerzan por bajar lentamente el pesado ataúd...un llanto por aquí o por allá y un montón de tierra listo para cubrir la fosa abierta.
…
Fue entonces que el uso de la palabra…rompió aquel desaguisado:
Qué nadie se moleste. Respetemos a los presentes, qué su presencia sea pacífica u ordenada. Todos tienen el derecho a despedirse. Con un puño de tierra o el depósito de una flor blanca para que acompañe su alma y cruzar el río azul de misterio.
Fueron para él y, ustedes seguirán siendo las personas que le ayudaron a escribir su propia historia. Y debemos respetarla.
Muchos de los presentes, le obsequiaron algún consejo, apoyo o aceptación. Pero, también saben, que su decisión de acatarlo. Dependía de su voluntad propia.
Él, siempre demostró que por encima del egoísmo, está la amistad sin prejuicios.
Siempre se quitó la camisa para dar abrigo hasta, aquellos que se creían sus enemigos.
Olvidemos la falta del amigo. Ya nada podrá responder por sus juicios. Mejor. Señoras y señores:
Tributemos un minuto de aplausos a nuestro amigo. Ya no atiende ninguna crítica y su vuelo es al descanso eterno. El no sabe de herencias, ni repartos, tampoco de envidias. Sólo se marchó con el cariño que les tuvo. ¡Desnudo del corazón!
…(1',2',3'...tic tac, tic tac...58'59' 60) Gracias.
Cuando terminó la palabra, sólo el golpear de la pala con las piedras y la tierra caminaban rumbo al foso, algunos sollozos detenidos y un juicio interrumpido para revivir mañana…en algún juzgado, periódico e historia para narrar de boca en boca lo que a su juicio conviene a cada heredero que cree merecerlo.
Descansa en paz amigo.
RABO VERDE EN PROBLEMAS
Cavilaba mientras sujetaba el volante del auto con la azarosa inquietud de mirar los paisajes; disfrutar el mar; nadar y quizás conocer una chica hermosa. El sol se burlaba de mí golpeando con sus dardos venenosos el brazo que se asomaba sobre la ventanilla del auto gris.
Sudoroso vi agotar la distancia entre el altiplano y el borde del mar. Era el bello puerto que mi corazón lo tiene encantado. Sus aguas bravas, a veces tranquilas pero nunca con peligro.
Pensé en comprar mariscos para llevar de regreso a casa. Y pregunté por un lugar para comprar y comer sabroso. “El embajador del marisco” –dijo mi entrevistado-. Así que aceleré el auto y llevé mis pasos hasta el lugar mencionado.
Cuando atravesé el marco de la puerta sin puerta. Un cuerpo de ébano cruzó una mirada dulce de intenso color negro. Evaluando mí presencia. Me sentí desnudo; traté de permanecer ecuánime. Sonreí con ella. Ella dijo con su voz de melodía –siéntese donde guste-
Su voz era natural, sin poses de artista. Y pellizqué disimuladamente mis muslos para sosegar mi “rabo verde” que empezaba a despertar. Pero ella utilizando su mirada retaba mi mirar. Hubo ocasiones en que al sostenerle su pícaro atrevimiento. Se levantaba de su silla y venia hacia mí con todo su esplendor de primavera –improvisaba alguna pregunta y luego ordenaba-.
También miraba de reojo cuando la gente llegaba. Después una salida y regresaba, y otra salida… y retaba con su caminar ingenuo frente a mi mesa. Supuse que era una sugerencia para seguirle. Así que cuando pagué la cuenta ella se adelantó rumbo al punto de mi llegada. Por algunos minutos le perdí y decidí comprar agua y fruta en la miscelánea cercana. Para mi sorpresa, ahí estaba con su juventud delicada. La saludé y me dijo hola. Estaba nerviosa pero, caminó hacia el fondo de la tienda y la busqué entre los pasillos y ella también me buscaba. Animé a preguntar su nombre y me dijo “Zulia” y agregó –es un nombre feo-.
-Le dije-. No, tú nombre es impacto, jamás lo he escuchado y cuando lo pronuncias es aroma de frutas dulces.
Se turbó…y me turbé. Fue un instante en que me vi desarmado. No supe que decir más…tontamente la invité a caminar a la orilla del mar. -Pensé que por estar a unos cuantos metros de las olas le sería común pedir permiso e ir a mirar la puesta del sol-.
No me gusta el mar, jamás he estado ahí. –Su respuesta me desarmó- Guardé silencio. Parecido a la eternidad. No supe que decir…parecía que jugaba conmigo. Bueno ¿adónde te gustaría ir? –pregunté-
A ningún lado. Tengo miedo. -Fue su respuesta-.
Por un instante quise tocar sus manos porque imperceptiblemente, ella quiso que las tocara…pero también tuve miedo…detuve el impulso desigual. No era cortar una flor de un jardín común. Era un sueño cuyo despertar podría ser difícil para uno de los dos. Cobarde o no, aquella melodía era para alguien con mayor alegría.
Me despedí de ella y salí del lugar. Todavía esperé su salida y me regaló su dulce mirada y una pregunta que no entendí…
La seguí con la mirada hasta perder su figura virgen. Luego le dije adiós y ella ya no escuchó. Ni tampoco el suspiro que arrancó al morir el sol sobre el horizonte que me regaló esta historia sin nacer.
OJALÁ Y SÓLO SEA UN SUEÑO
El cielo siembra escarcha. Mientras su mirada escudriña el profundo valle cada bocanada de aire le hiere.
Ha emprendido el camino para regresar a casa. Abrazar su esposa y sus retoños que son su existir bendito.
Ha escapado de prisión ubicada en la montaña agreste con la ilusión de celebrar esta Navidad con ellos.
La esperanza le da fuerzas: abrazar a su familia y cenar juntos como su otrora juventud. Aunque minadas por los trabajos forzados. Se cansó de extrañarlos.
Sabe que lo persiguen los perros y algunos lobos con piel humana que prestos a celebrar la navidad material…le buscan cazar. Luego de tanto. Cansado. Empuja la puerta. Ve a su hermosa familia. Sin embargo, es tarde. Sé han adelantado con sus carros. La familia, no da crédito a su impotencia. Los gendarmes amenazan y con sus armas de inclemencia. ¡Golpes sobre la espalda! Le someten. El presidiario abraza con su mirada triste a su familia mientras sus pasos regresan a un mundo de porquería.Pero bastó la osada aventura de mirar a su familia.
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