jueves, 7 de enero de 2010

Atado a la vida



Cuando la vida otorga                                      
oportunidades
una lágrima cae de felicidad 
y se cierran las ranuras
que abren arrebatos.
Pero como las plantas
toman vida del astro dorado
usando su fuerza
para comenzar de nuevo.
Es el ejemplo de amanecer
de nuevo...
Cada mañana el sol
avanza sobre la puerta
Y sin que se lo´ pidas
acompaña los trayectos.
Entonces 
Dale fuerza a la oportunidad
de uno mismo,
vuelve a crecer
y disfruta el azul del cielo,
que  obsequia esperanzas de luz
para cuando el descansar profundo
se ponga en el ocaso...
y ser testigos eternos
mientras la luna pasa serena
por el recuento de los actos .
No es difícil,                   
toma el arrullo sutil de la vida
y sé feliz
que el nuevo día dirija en nuestro trayecto
y comenzar la siembra
mientras  abre el jardín
del camino eterno.

lunes, 4 de enero de 2010

COSAS DE DOS

Te marchaste, así de repente; como la ola del mar, que rompe el silencio y luego se esfuma. Su eco que irrumpía algunos instantes atrás se parece al sonido de tu marcha, así como ella y el mar. Te añoro más que nunca, eres la princesa de mis amores. Pero si prefieres permanecer callada sin hacer  llamada o  traer tu presencia a mis manos. Está bien, empero tu sabes que viajas por mis venas, que recorres la casa roja sin esperar la aurora; tú siempre duermes conmigo, y aunque el delirio te confunde con la almohada. Te aclaro, que no es por ser infiel. Sólo que los sueños te asemejan, cuando sellas tu llegada con la suavidad de la blanca nube y, cuando te alejas, creó oírte decir, amor, la tarde ya empezó. Entonces me refugio en ella, pues guarda tu calor…algo de humedad tuya y, tu silueta se dibuja aún como  fugas vuelo. Me pregunto porque dejaste de amar…no contestes; sabes, te extraño no porque ya no estés conmigo; te extraño aquí adentro de mi corazón…parece que te extravías en las olas del océano de los delirios y ahora que lo medito,  pasan los días y escapando van algunas lagrimas, que ruedan sin control, ya no sé adonde irán a parar...quizás lo sabes tú. Aunque es cosa de dos.

EL BASURERO




Azotaba el frió sobre su frágil cuerpo. Apenas si alargaba su deshilachado suéter para cubrir sus manos. Mientras mostraba su caja de chicles. ¡Chicles, chicles! Caía la noche y la gente con algarabía, transitaba observando los escaparates de ropa, dulces y muchos juguetes. Pero, él sólo tenía su sorbo de moco que bajaba y subía en su protuberancia nasal. Sabía que esa noche, habría cena especial. Era Nochebuena. Y mañana, cuando abrieran los basureros, encontraría algún pedazo de pavo; desechado al bote del desperdicio. Con esa ilusión, encaminó sus pasos ofreciendo chicles para hacer de su largo trayecto un engaño de cercanía. Llegó al puente preferido, descendió y busco su derruido tubo de concreto; un cartón como petate y sobre su cuerpo arrimó hojas de papel periódico. Con la ilusión de despertar temprano y trasladarse al basurero para encontrar algún manjar extraviado de la noche anterior.

NOCHEBUENA Y PETIRROJO


Estaba rezagada en un atril del invernadero; la venta del invierno había pasado y nadie la compró. Su vida era monótona. El jardinero-vendedor le relegó hasta un rincón. Ella recordó la historia de la Cenicienta y ahora se sentía igual. Sin vestido ni zapatillas. Sólo esperaba soportar el duro verano y el otoño.
La incertidumbre le aterraba. Además, la maceta de plástico que la guardaba, se veía sucia y se descarapelaba por la inclemencia de la humedad y el calor del mediodía. También se imaginaba calva con la pérdida de sus hojas rojas y sus inflorescencias enfermas; en cada amanecer, sentía más cansancio. Sus vecinas –unas plantitas belicosas-, se mofaban y le gritaban ¡Pelona! ¡Zancuda! –Su delgadez era motivo del escarnio-. Un zeta chaparrón con sombrero ancho de color marfil, le preguntó sí era mala. Pues había quedado sola. Tal cuestionamiento le hizo pensar ¿Porque no tenía familia, acaso era un fenómeno arbóreo?
Esta tarde, mientras languidecía alguien se posó sobre ella. Se le ocurrió preguntar. Con desesperación usó todas las fuerzas de su voz sin follaje. ¿Quién soy? ¿Por qué siento morir? Un petirrojo escuchó y sin inmutarse, trineo. –Tú eres una planta bellísima; te llaman Cuetlaxochitl o Nochebuena, Estrella Federal, Corona del Inca, etc. y etc., eres la preferida por los humanos y te usan como símbolo de las fiestas navideñas en todo el mundo, en época de Navidad- ¿Navidad? ¿Qué es Navidad? Hubo un silencio y luego trineo dulcemente. -Significa renacer -Pero, ¿Cómo es eso? -Es como el proceso que vas a iniciar-. Escucha. En los últimos días, tu cuerpo se está preparando para un estado de catalepsia ¿cata…qué? Qué vas a invernar como los osos. ¿Por qué? Quiero decir –dijo el petirrojo- vas a dormir algunos meses y luego la naturaleza misma del fenómeno, te hará brotar con nuevas hojas verdes y rojas y serás la más presumida en este expendio de plantas. Se agregó un silencio; cada quién se sumió en sus cavilaciones. De pronto, sin esperar las gracias petirrojo levantó el vuelo. Mientras la Nochebuena, sintió que su savia, trajinaba en su interior con cansados pasos. Las pocas brácteas se preguntaban la razón. La noticia del petirrojo le colmaba de esperanzas. No era muerte su futuro, sino un largo sueño. Cerró los ojos y caviló. -Cuando vuelva a ser hermosa-, deseo que un hombre, rico e importante me lleve consigo, por ejemplo un presidente. Jijijiji; jijijijiji -mensa- ¡tonta!- gritaron sus vecinas- Se burlaron de ella; retorcidas de la risa. –La Nochebuena no sabía pensar en silencio- Se ruborizó y su cuerpo experimentó un calorcito que le fue sumiendo en los brazos de Morfeo.
El petirrojo, sintiendo ternura por aquella plantita en su letargo; le visita y le observa con impotencia. Él usurero de aquel lugar, no prodiga atención a su amiga. Sin embargo, ésta mañana. Notó que el hombre llegó más temprano en su destartalada camioneta. El gorrión pensó que era algo inusual y escogió el lugar idóneo para observar. Vio desempolvar algunos rincones y macetones. El pajarillo se hinchó de alegría cuando su amiga era transplantada en un bote de lámina con el letrero que decía “la-cos-te-ña. Jajajajaja. ¿Quién va a creer semejante mentira? Ella es de tiempos fríos. –Pero su amiga, cambiaba de habitación-. Su atuendo de plástico. -Era historia-. Petirrojo sintió que el cuerpo se le engarrotaba de frió. Era tiempo del alegre frió invernal. Recordó que tenía previsto iniciar precisamente ese día. Un vuelo para visitar a sus parientes, ubicados a cientos de kilómetros. Y no estaría para saludar a su amiga…
Cuando la Nochebuena salió de su letargo; constantemente miraba al cielo. Añorando la figura de su amigo púrpura.
Pasaron los días y fue creciendo en vanidad. Su vanagloria se volvió intensa; a cada cliente que entraba, -vestido de traje-. Se le inclinaba. Y con elegante coquetería se mostraba pues, quería un hogar de lujo…como la casa del presidente.
Y cuando entraban personas con actitud de regatear su precio. Ladinamente bajaba sus hojas y no se ruborizaba, antes bien; su tono languidecía. Despertando un desprecio para su compra. Como era alta y esbelta –la gente decía- No, esa no está tiernita ¡mira esa otra!, de seguro no estorbará…
La Nochebuena vivía entre su pavoneo y su deseo de emigrar de aquel lugar. Parecía que el tiempo le jugaba entre una mesa rica o un cambio de pretensiones. –Savió-, mientras una lágrima caía. De pronto. Sintió que era arrebatada del suelo y como pudo se desembarazó de sus húmedos ojos. Buscó con ansiedad, el rostro de quién la compraba. Su desaprobación fue total. Era un niño andrajoso. Que negociaba con el jardinero por quince pesitos. ¡Es un regalo para mi madre enferma! El jardinero de mala forma, acepto. Mientras la Nochebuena, sin ápice de indulgencia blasfemó –aparte de mugroso. También tacaño-.
Sin embargo, percibió un ligero estremecimiento que le recorrió su arbóreo cuerpo. Entre subir y bajar en un monótono caminar lejano y luego un frenético movimiento y...un pintoresco y relumbrante macetón la recibió con alegría. Al paso de los días fue vistiéndose de hermosura. El niño, le hablaba y le cantaba; alababa su color púrpura. La proveía de agua. Ante cualquier insinuación de brote de semilla. ¡Era arrancada, de tajo! Arrepentida. Lloraba por haber albergado sueños materialistas. 
Hoy reconocía que la felicidad encontrada en aquel hogar humilde, iba contra sus pretensiones de “rococó”. Había deseado mucho y, lo encontró de forma distinta. Y su felicidad fue completa cuando escuchó decir que la cuidaban para un regalo de navidad…
La madre la colocó en su bello corredor. Entre varias plantas ella resaltaba por su belleza y se pavoneaba cuando los visitantes le piropeaban.
…Había deseado ser rica y encontró la riqueza del alma humana ¡Feliz Navidad! Gritaba de felicidad.

LA IMAGINÉ DEL OTRO LADO DEL MAR


Un sonido armonioso emanaba de las teclas blancas y negras cuya formación acompañaba el humo de los cigarros -consumiéndose a bocanadas fortuitas- pululaba sobre las mesitas distribuidas para recibir a hombres y mujeres sin importar su condición, edad o credencial. Mucha gente extraviada en sus meditaciones. Y entre ellos me encontraba sentado en solitario. Trataba de recordar algunas películas cuyo contenido fuese un bar y pensé que lugares así se asocian a riñas ocasionales entre clientes o bravucones; juegos de póker; borracheras y lágrimas; un barman bonachón o un vendedor de información y a veces con “cara de pocos amigos” –pensé que pantalla grande o chica tiene bastantes temáticas para explotar-.Un bar también recrea encuentros casuales y grandes amores o amigos fortuitos…en eso estaba mi pensamiento cuando sin pensarlo lo inferí corriendo, primero sobre la arena, luego saltando sobre las crestas de la olas tersas. Que absortas de mi presencia, absorbían delicadamente los rayos del sol; era como un sueño, porque pronto estaba en otro lugar. A la orilla de la costa española. Fue cuando llegó tu nombre y sin solicitar permiso se escuchó en voz alta. Mis labios lo pronunciaron como una ráfaga iluminada en el preámbulo de alguna tormenta. Y entonces empezó a bailar conmigo, en silencio, imaginándote con pantalones de mezclilla y una blusa escotada. Luego, sonreías. Contagiando tus ojos claros, tu iris y tú corazón…era como un amanecer en un velero antiguo con su proa, anunciando su majestuoso paso entre aquel cuerpo líquido, lleno de misticismo e inspiración. Sólo la Ópera es capaz de que por analogía dé cuenta de la intensidad de aquellos singulares momentos. Que se articulaban entre el candor de tu voz y el vaivén de tu mirada. Escudriñante; lejana; etérea y desapareciendo juguetona. Transportada como un ente en los parajes inimaginados del mar Mediterráneo…aunque del último trago de tequila, tengo ya varios minutos sin saborearlo; volví a abrir los ojos para buscarte y te encontré tan nítida, tan clara que para evitar tu escape, empecé a describir esta epopeya de mi pensamiento y con todo respeto te hice el personaje principal en la aventura de escribir. Ahora estás en la red como incógnita también. ¡Salud compañer@s!

PALABRAS LUCTUOSAS

Contexto:
Hombre ordinario. Ahora difunto; conglomerado de personas: familiares, amigos, morbosos de la noticia, deudores, amantes y algunos enemigos…el último adiós se convierte en una ceremonia especial y así debería ser. Sin embargo esta historia, tiene cola que le pisen. Durante la procesión del templo al panteón; algunos comentarios, prenden momentos rijosos...esta ocasión la empezaron las  amantes que preocupadas de quedar desamparadas van diciendo en voz alta  su derecho a  todo…los demás, en aparente calma desorbitan los ojos y agudizan los oídos. Mientras  otros se esfuerzan por bajar lentamente el pesado ataúd...un llanto por aquí o por allá y un montón de tierra listo para cubrir la fosa abierta.
Fue entonces que el uso de la palabra…rompió aquel desaguisado:
Qué nadie se moleste. Respetemos a los presentes, qué su presencia sea pacífica u ordenada. Todos tienen el derecho a despedirse. Con un puño de tierra o el depósito de una flor blanca para que acompañe su alma y cruzar el río azul de misterio.
Fueron para él y, ustedes seguirán siendo las personas que le ayudaron a escribir su propia historia. Y debemos respetarla.
Muchos de los presentes, le obsequiaron algún consejo, apoyo o aceptación. Pero, también saben, que su decisión de acatarlo. Dependía de su voluntad propia.
Él, siempre demostró que por encima del egoísmo, está la amistad sin prejuicios.
Siempre se quitó la camisa para dar abrigo hasta, aquellos que se creían sus enemigos.
Olvidemos la falta del amigo. Ya nada podrá responder por sus juicios. Mejor. Señoras y señores:
Tributemos un minuto de aplausos a nuestro amigo. Ya no atiende ninguna crítica y su vuelo es al descanso eterno. El no sabe de herencias, ni repartos, tampoco de envidias. Sólo se marchó con el cariño que les tuvo. ¡Desnudo del corazón!
…(1',2',3'...tic tac, tic tac...58'59' 60) Gracias.
Cuando terminó la palabra, sólo el golpear de la pala con las piedras y la tierra caminaban rumbo al foso, algunos sollozos detenidos y un juicio interrumpido para revivir mañana…en algún juzgado, periódico e historia para narrar de boca en boca lo que a su juicio conviene a cada heredero que cree merecerlo.
Descansa en paz amigo.

RABO VERDE EN PROBLEMAS






Cavilaba mientras sujetaba el volante del auto con la azarosa inquietud de mirar los paisajes; disfrutar el mar; nadar y quizás conocer una chica hermosa. El sol se burlaba de mí golpeando con sus dardos venenosos el brazo que se asomaba sobre la ventanilla del auto gris.
Sudoroso vi agotar la distancia entre el altiplano y el borde del mar. Era el bello puerto que mi corazón lo tiene encantado. Sus aguas bravas, a veces tranquilas pero nunca con peligro.
Pensé en comprar mariscos para llevar de regreso a casa. Y pregunté por un lugar para comprar y comer sabroso. “El embajador del marisco” –dijo mi entrevistado-. Así que aceleré el auto y llevé mis pasos hasta el lugar mencionado.
Cuando atravesé el marco de la puerta sin puerta. Un cuerpo de ébano cruzó una mirada dulce de intenso color negro. Evaluando mí presencia. Me sentí desnudo; traté de permanecer ecuánime. Sonreí con ella. Ella dijo con su voz de melodía –siéntese donde guste-
Su voz era natural, sin poses de artista. Y pellizqué disimuladamente mis muslos para sosegar mi “rabo verde” que empezaba a despertar. Pero ella utilizando su mirada retaba mi mirar. Hubo ocasiones en que al sostenerle su pícaro atrevimiento. Se levantaba de su silla y venia hacia mí con todo su esplendor de primavera –improvisaba alguna pregunta y luego ordenaba-.
También miraba de reojo cuando la gente llegaba. Después una salida y regresaba, y otra salida… y retaba con su caminar ingenuo frente a mi mesa. Supuse que era una sugerencia para seguirle. Así que cuando pagué la cuenta ella se adelantó rumbo al punto de mi llegada. Por algunos minutos le perdí y decidí comprar agua y fruta en la miscelánea cercana. Para mi sorpresa, ahí estaba con su juventud delicada. La saludé y me dijo hola. Estaba nerviosa pero, caminó hacia el fondo de la tienda y la busqué entre los pasillos y ella también me buscaba. Animé a preguntar su nombre y me dijo “Zulia” y agregó –es un nombre feo-.
-Le dije-. No, tú nombre es impacto, jamás lo he escuchado y cuando lo pronuncias es aroma de frutas dulces.
Se turbó…y me turbé. Fue un instante en que me vi desarmado. No supe que decir más…tontamente la invité a caminar a la orilla del mar. -Pensé que por estar a unos cuantos metros de las olas le sería común pedir permiso e ir a mirar la puesta del sol-.
No me gusta el mar, jamás he estado ahí. –Su respuesta me desarmó- Guardé silencio. Parecido a la eternidad. No supe que decir…parecía que jugaba conmigo. Bueno ¿adónde te gustaría ir? –pregunté-
A ningún lado. Tengo miedo. -Fue su respuesta-.
Por un instante quise tocar sus manos porque imperceptiblemente, ella quiso que las tocara…pero también tuve miedo…detuve el impulso desigual. No era cortar una flor de un jardín común. Era un sueño cuyo despertar podría ser difícil para uno de los dos. Cobarde o no, aquella melodía era para alguien con mayor alegría.
Me despedí de ella y salí del lugar. Todavía esperé su salida y me regaló su dulce mirada y una pregunta que no entendí…
La seguí con la mirada hasta perder su figura virgen. Luego le dije adiós y ella ya no escuchó. Ni tampoco el suspiro que arrancó al morir el sol sobre el horizonte que me regaló esta historia sin nacer.

OJALÁ Y SÓLO SEA UN SUEÑO

El cielo siembra escarcha. Mientras su mirada escudriña el profundo valle cada bocanada de aire  le hiere.
Ha emprendido el camino para regresar  a casa. Abrazar su esposa y sus retoños que son su existir bendito.
Ha escapado de prisión ubicada en la montaña agreste con la ilusión de celebrar esta Navidad con ellos.
La esperanza le da fuerzas: abrazar a su familia y cenar juntos como su otrora juventud. Aunque minadas por los trabajos forzados. Se cansó de extrañarlos.
Sabe que lo persiguen los perros y algunos lobos con piel humana que prestos a celebrar la navidad material…le buscan cazar. Luego de tanto. Cansado. Empuja la puerta. Ve a su hermosa familia. Sin embargo, es tarde. Sé han adelantado con sus carros. La familia, no da crédito a su impotencia. Los gendarmes  amenazan y con sus armas de inclemencia. ¡Golpes sobre la espalda! Le someten. El presidiario abraza con su mirada triste a su familia mientras sus pasos regresan  a un mundo de porquería.Pero bastó la osada aventura de mirar a su familia.

“Ensayo de mismo o verbalismo de mi yo”.

No sé como titular el presente: “Ensayo de mi mismo o verbalismo del yo”.
Leí el curso de poesía fechado en 17 de marzo de 2008 y estoy confundido ya que parece que escribo en sentido común. Ignorando reglas, moldes, métrica, etc., quizás en la búsqueda de mi mismo [bueno leo los artículos de los compañeros y los tuyos y los suyos y aquellos otros; como fuentes originales -imaginativos y creativos-  que de alguna forma me apoyan pues revoluciona la idea o sugieren otra mirada y/o expongo -como si robara- otra concepción]. Pero al leer el “versolibrismo” del capítulo III que con fina atención explica "Caballero" "El mundo apasionante de la poesía". Empieza el conflicto: qué si no sigo modelos de literatura poética entonces estoy estacionado en forma comodina en el versolibrismo y las líneas de tu artículo hacen escarbar más con tus ejemplos de versos cincelados (medidos) confrontados con los míos se miran ásperos, pecan de ser extensos y quizás aburridos. Y entonces mi "Self" repregunta ¿será urgente una depuración de estilo. Versos largos por versos octosílabos o simples y sencillos? ¿cómo crear posibilidades para encontrar un estilo propio? ...pero mi yo en lo profundo de su humilde ser, siente que no ofende a nadie pues es el extravió del pensamiento propio. Sin embargo, admito que la existencia de las formas son primero.
Explico:
Generalmente, la idea y que en consecuencia desencadeno algún verso (s) los elaboro así, en minutos; los releo 2 y hasta cinco veces [y luego los subo a la página beatificada de p+l…]
Lo hago así porque me pasa que si dejo la reconstrucción para otra hora, día o momento ya no encuentro las mismas condiciones o estado de ánimo -A veces ésta secuencia me hace suspirar, sentir emoción incluso llorar o tan solo un brillo en la mirada.
Otras veces trata de hacer versos más sencillos a partir del original pero de tanto pierdo la idea, la esencia y luego de un texto tengo dos o una contra-tesis. Y el fenómeno ideológico está ahí, su esencia ha escapado y se convierten en un interrogatorio de subpreguntas de juicios criminales. Y el sonido se vuelve cementerio.
Qué puedo hacer para apartar el yo escritor sensible y supra-poner el otro yo formal-metódico. No quiero decir que evito totalmente la parte teórica…simplemente que al leer tu síntesis-curso   "El mundo apasionante de la poesía", me moviliza estructuralmente todo y ya no me encuentro…¿Acaso peco de terquedad cuadrada?
Distinguido Caballero: a veces no se expresar la cosa de lo que quiero decir pero, me anima tu comentario sobre el usar diccionario o enviarte un E-mail. Así que opté por el último. Gracias por el curso y tu atención elocuente y atinada.
Posdata uno: en la página dos argumentas y clarificas bien y no quiero conformar el grupo de escritores automáticos.
Posdata dos: recordé tu pregunta inicial “escribir es simplemente plasmar nuestros impulsos…” [y rescato tu calidad humana en el párrafo seis de la introducción]. Obviamente que no…entonces me nace una duda más grande. Sí lo que hago es sólo algo parecido a poesía o simplemente mi orientación es un descriptor o narrador. ¡Qué opinas amigo! No me contestes porque tú respuesta fue previa en la en la introducción de tu artículo "El mundo apasionante de la poesía" . No importa, humildemente trataré de ser mas estudioso de las formas del castellano y no desvirtuarlo.
Posdata tres: me guardo tus palabras. “…coge un papel…pc…y, tratando de expresar algo, escribe sin parar por el simple placer de la escritura”. Amigo Julio. ¡Ese soy yo! Escribo sin parar y lo dejo así, en escritura rústica. No hago talacha densa porque se descompone la idea virgen. -Y por ello mi preocupación.
Posdata cuatro: ¡Bueno, basta de verborrea! Trataroe de seguir tus orientaciones del curso.
Sinceramente tu amigo el “datildeltecomate”


Felicidades a los ganadores: Luna de Azafrán; a mi amigo Paul; Felices Fiestas; Pepparkakkor; El espíritu de la Navidad; Almendra amarga; Carta a Papa Noel; Luz de luna; Eva y Julio y el otro miembro del Jurado. Juntos hicieron un buen trabajo. Felicidades!

Escribiendo a Mamá Grande


  
Nunca noté su cansancio
Todos los días emprendía
Su camino de "hormiguita"
Con su voz de trino
Componía el vals sin monotonía
Se levantaba temprano
A bailar con la escoba
Luego removía el rescoldo de la noche anterior
Y con su gran pericia
El fuego prendía en el fogón,
Un café de olla
Va aromando la estancia para el dormilón
Su sonrisa de regalo va desgranando
A cada miembro de la familia.
…yo no sé si todas las abuelitas fueron así pero, la mía usaba guaraches, sombrero de paja y dos grandes trenzas escondían sus risos de seda plateada; su blusa zurcida por sus propias manos, combinada con una falda amplía y cincha para amarrar en la cintura y una caída por debajo de la rodilla.
Cuando la recuerdo viene a la memoria su rostro de calma y su complacencia. Era como un proceso de vida terminado, su madurez se veía por todos lados. Te consentía, te miraba, te exhortaba sin componendas. Cuando topaba con su mirada diáfana y profunda, desnudaba mi alma; y es que en la comisura de sus labios con su sonrisa dibujada. Te decía ¡bribón! Ya no hagas travesuras… te hacía sentir culpable o irresponsable de los hechos que creíste haber escondido en alguna parte de la calle transitada –ayer, antier o la semana pasada-. Era como un filósofo de la antigüedad. Sabía de todo y no tenía miedo a la obscuridad.
Recuerdo cuantas historias transmitía –como el origen de la literatura- su gama de narraciones orales eran bastantes descriptivas, pero, yo vivía la vida de prisa y no le di valor a lo que contaba. Ahora aquí estoy, reinscribiéndola. Veo la importancia de sus cuentos, pero ya es tarde. Sólo me quedan algunos jirones de anécdotas.
Su didáctica de contar hechos con fechas y nombres, no se me olvida. Yo digo que era una mujer sabia. Una mujer así no debería ser arrebatada, pues tiene gran cosa que enseñar.
La electricidad llegó tarde a su vida. La licuadora la vio insípida; rápida pero sin sabor; la estufa por el “tenamaxle”, más o menos la aceptó cuando escaseo la leña para quemar o la lluvia no le dejaba salir, pero, aún así sus platillos eran únicos. Su sazón inconfundible, aún pasa lista de presente en la sobremesa de los días presentes. Como le extraño cuando paso por la cocina.
Alguna vez la vi montada en su burro al despuntar la mañana y emprender el camino para llevar el “Ítacate” al abuelo. Él trabajaba en alguna hacienda lejana, así que para las mil cien ella apenas llegaba con su “tambache”: habas para tostar, papas para hornear, chiles para torear y tortillas de maíz –lo que podía durar mas de tres días- Al llegar a la milpa, la abuela, tendía un costal o el ayate en lugar de mantel y si las condiciones lo permitían, encendía una fogata para recalentar o hervir. ¡Qué tacos más sabrosos! Sobre las brazas se van tostando las memelas o las quesadillas, un jarro de atole, café o pulque en tiempo de calor. Y así de furtiva era la mañana.
Para el medio día, el rito terminaba y otra vez a regresar sobre el camino andado; levantaba su fiesta y de manera improvisada, sobre la orilla del camino, iba recogiendo quelites, nabos, cenizos o quintoniles –hierbas de campo- para cocimiento al vapor o a las brazas. Con chile, cebolla y ajo al llegar a casa. Recuerdo que a falta de carne una tortilla caliente o una “gorda” de masa, se cortaba por la mitad para llenarla de salsa y frijol fritados. Qué sabroso era comer alrededor del metate y el fogón. Cuando la papa horneada era rescatada de entre la ceniza, está salía con su cáscara dura y manchas carbonizadas. La descarapelaba para aderezarla de sal y darle una mordida. Era suave, aromatizaba el paladar; pa’ que supiera más sabrosa una mordida a un guisante; era la composición convertida en bocado.
Olvidaba decir que su comida en casa era aderezada con una salsa picante de moritas, guacamole, pico de gallo –jitomate, chile verde, cebolla, ajito; trozados uniformemente en pequeños cortes-, salsa de xoconozle o simple tomate rojo y chiles toreados en el comal caliente; luego molidos en el molcajete…y cuando la salsa estaba preparada, tomaba una tortilla del comal y sudar ¡si señor! Era una delicia en el paladar -arrancar saboreadas sin igual y con el dorso de la mano limpiarte el moquillo que escurría de lo picoso y sabroso-.
No tenía reloj de mano pero, su sapiensa empírica la manejaba con las sombras del sol. Sabía administrar el tiempo y todo estaba listo como si tuviera un cronómetro infalible.
Nunca le dije: ¡Hola abuelita! cuantos años levantándote de madrugada para atender a tu familia de comelones...hoy sólo recuerdo algunos rincones  de su estadía.
Recuerdo su zapato de uso duro. Unos guaraches, confeccionados de correas de cuero de bovino y suela de hule macizo –como los que se miran en las llantas de auto. Entre la correa cruzada y el hule se sujetaban con alambre o hilo cáñamo. Eran zapatillas para morir iguales; eran una especie de sandalias y, con ellas emprendías cualquier viaje o trayectoria. 
Le ví bajar el cerro, sobre la ladera con su tercio de leña a la espalda y en sus manos algún fruto silvestre (tunas, garambullos, guapillas, zetas, pitayas y frutitas de biznaga. Otras veces salías a la parcela cercana y recolectabas “mezotes” o leña conocida como “Barañitas” para quemar.
Sus manos ásperas, sus talones partidos o su espalda, daban cuenta de ello. Era un cuerpo de dureza indestructible ante cualquier esfuerzo.
Abuelita. Sé que te marchaste sin jurar si volverías, pero tu recuerdo me sigue de noche y de día. A veces te imagino trajinar en la cocina, o subir las escaleras; arriar a tu borriquillo y llamar a la gallinas con tu pupupupuuu, pupupupuuu para que se acerquen picotear los granos sobre el suelo.
Un éxodo de invitados se presentaba sobre el patio: gallos, gallinas, pollitos, conitos, guajolotes, güilas y una que otra paloma; también los marranos, los borregos y chivos y hasta el propio burro “Rucio”. Y como competencia de velocidad, cada pico se esforzaba por levantar el maná de cebada y maíz ¡Y tú platicando con la granja entera!
Luego cada semoviente desaparecía en la búsqueda de gusanos, zacate o retoños, macollos y una que otra lombriz de tierra. Y tú, mamá grande, con tu sombrero calado sobre la cabeza lo hacías a un lado y con el dorso de la mano limpiabas el sudor de tu rostro y un suspiro saltaba al terminar cada labor. A veces me llamabas la atención. ¡Muchacho travieso! ¡ahorita vas a ver! y nunca me alcanzabas. Ahora eres tú la que camina por delante...
Ya no estás, pero vengo hasta la tumba y platico contigo. El sol y el polvo hacen de las suyas pero no les hago caso porque estoy contigo.  Mientras te dijo –cierra los “oclayos” para darte un picorete- y tú contestabas –¡uuuuhhhhmmmmnn, no!. -Siempre te hiciste la difícil…pero estoy contento-, cuando pude te hice saber que te quiero y aunque ya no regreses de tu prolongado silencio. Te pinto en pequeñas imágenes para platicar contigo como tú lo hacías conmigo cuando era pequeño...ya me voy porque la casa está solita, otro día vengo a platicar contigo.   
Un monólogo y un ramillete de flores adornan el florero descolorido y yo prometiendo volver...