lunes, 4 de enero de 2010
LA IMAGINÉ DEL OTRO LADO DEL MAR
Un sonido armonioso emanaba de las teclas blancas y negras cuya formación acompañaba el humo de los cigarros -consumiéndose a bocanadas fortuitas- pululaba sobre las mesitas distribuidas para recibir a hombres y mujeres sin importar su condición, edad o credencial. Mucha gente extraviada en sus meditaciones. Y entre ellos me encontraba sentado en solitario. Trataba de recordar algunas películas cuyo contenido fuese un bar y pensé que lugares así se asocian a riñas ocasionales entre clientes o bravucones; juegos de póker; borracheras y lágrimas; un barman bonachón o un vendedor de información y a veces con “cara de pocos amigos” –pensé que pantalla grande o chica tiene bastantes temáticas para explotar-.Un bar también recrea encuentros casuales y grandes amores o amigos fortuitos…en eso estaba mi pensamiento cuando sin pensarlo lo inferí corriendo, primero sobre la arena, luego saltando sobre las crestas de la olas tersas. Que absortas de mi presencia, absorbían delicadamente los rayos del sol; era como un sueño, porque pronto estaba en otro lugar. A la orilla de la costa española. Fue cuando llegó tu nombre y sin solicitar permiso se escuchó en voz alta. Mis labios lo pronunciaron como una ráfaga iluminada en el preámbulo de alguna tormenta. Y entonces empezó a bailar conmigo, en silencio, imaginándote con pantalones de mezclilla y una blusa escotada. Luego, sonreías. Contagiando tus ojos claros, tu iris y tú corazón…era como un amanecer en un velero antiguo con su proa, anunciando su majestuoso paso entre aquel cuerpo líquido, lleno de misticismo e inspiración. Sólo la Ópera es capaz de que por analogía dé cuenta de la intensidad de aquellos singulares momentos. Que se articulaban entre el candor de tu voz y el vaivén de tu mirada. Escudriñante; lejana; etérea y desapareciendo juguetona. Transportada como un ente en los parajes inimaginados del mar Mediterráneo…aunque del último trago de tequila, tengo ya varios minutos sin saborearlo; volví a abrir los ojos para buscarte y te encontré tan nítida, tan clara que para evitar tu escape, empecé a describir esta epopeya de mi pensamiento y con todo respeto te hice el personaje principal en la aventura de escribir. Ahora estás en la red como incógnita también. ¡Salud compañer@s!
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