El cielo siembra escarcha. Mientras su mirada escudriña el profundo valle cada bocanada de aire le hiere.
Ha emprendido el camino para regresar a casa. Abrazar su esposa y sus retoños que son su existir bendito.
Ha escapado de prisión ubicada en la montaña agreste con la ilusión de celebrar esta Navidad con ellos.
La esperanza le da fuerzas: abrazar a su familia y cenar juntos como su otrora juventud. Aunque minadas por los trabajos forzados. Se cansó de extrañarlos.
Sabe que lo persiguen los perros y algunos lobos con piel humana que prestos a celebrar la navidad material…le buscan cazar. Luego de tanto. Cansado. Empuja la puerta. Ve a su hermosa familia. Sin embargo, es tarde. Sé han adelantado con sus carros. La familia, no da crédito a su impotencia. Los gendarmes amenazan y con sus armas de inclemencia. ¡Golpes sobre la espalda! Le someten. El presidiario abraza con su mirada triste a su familia mientras sus pasos regresan a un mundo de porquería.Pero bastó la osada aventura de mirar a su familia.


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