lunes, 4 de enero de 2010

NOCHEBUENA Y PETIRROJO


Estaba rezagada en un atril del invernadero; la venta del invierno había pasado y nadie la compró. Su vida era monótona. El jardinero-vendedor le relegó hasta un rincón. Ella recordó la historia de la Cenicienta y ahora se sentía igual. Sin vestido ni zapatillas. Sólo esperaba soportar el duro verano y el otoño.
La incertidumbre le aterraba. Además, la maceta de plástico que la guardaba, se veía sucia y se descarapelaba por la inclemencia de la humedad y el calor del mediodía. También se imaginaba calva con la pérdida de sus hojas rojas y sus inflorescencias enfermas; en cada amanecer, sentía más cansancio. Sus vecinas –unas plantitas belicosas-, se mofaban y le gritaban ¡Pelona! ¡Zancuda! –Su delgadez era motivo del escarnio-. Un zeta chaparrón con sombrero ancho de color marfil, le preguntó sí era mala. Pues había quedado sola. Tal cuestionamiento le hizo pensar ¿Porque no tenía familia, acaso era un fenómeno arbóreo?
Esta tarde, mientras languidecía alguien se posó sobre ella. Se le ocurrió preguntar. Con desesperación usó todas las fuerzas de su voz sin follaje. ¿Quién soy? ¿Por qué siento morir? Un petirrojo escuchó y sin inmutarse, trineo. –Tú eres una planta bellísima; te llaman Cuetlaxochitl o Nochebuena, Estrella Federal, Corona del Inca, etc. y etc., eres la preferida por los humanos y te usan como símbolo de las fiestas navideñas en todo el mundo, en época de Navidad- ¿Navidad? ¿Qué es Navidad? Hubo un silencio y luego trineo dulcemente. -Significa renacer -Pero, ¿Cómo es eso? -Es como el proceso que vas a iniciar-. Escucha. En los últimos días, tu cuerpo se está preparando para un estado de catalepsia ¿cata…qué? Qué vas a invernar como los osos. ¿Por qué? Quiero decir –dijo el petirrojo- vas a dormir algunos meses y luego la naturaleza misma del fenómeno, te hará brotar con nuevas hojas verdes y rojas y serás la más presumida en este expendio de plantas. Se agregó un silencio; cada quién se sumió en sus cavilaciones. De pronto, sin esperar las gracias petirrojo levantó el vuelo. Mientras la Nochebuena, sintió que su savia, trajinaba en su interior con cansados pasos. Las pocas brácteas se preguntaban la razón. La noticia del petirrojo le colmaba de esperanzas. No era muerte su futuro, sino un largo sueño. Cerró los ojos y caviló. -Cuando vuelva a ser hermosa-, deseo que un hombre, rico e importante me lleve consigo, por ejemplo un presidente. Jijijiji; jijijijiji -mensa- ¡tonta!- gritaron sus vecinas- Se burlaron de ella; retorcidas de la risa. –La Nochebuena no sabía pensar en silencio- Se ruborizó y su cuerpo experimentó un calorcito que le fue sumiendo en los brazos de Morfeo.
El petirrojo, sintiendo ternura por aquella plantita en su letargo; le visita y le observa con impotencia. Él usurero de aquel lugar, no prodiga atención a su amiga. Sin embargo, ésta mañana. Notó que el hombre llegó más temprano en su destartalada camioneta. El gorrión pensó que era algo inusual y escogió el lugar idóneo para observar. Vio desempolvar algunos rincones y macetones. El pajarillo se hinchó de alegría cuando su amiga era transplantada en un bote de lámina con el letrero que decía “la-cos-te-ña. Jajajajaja. ¿Quién va a creer semejante mentira? Ella es de tiempos fríos. –Pero su amiga, cambiaba de habitación-. Su atuendo de plástico. -Era historia-. Petirrojo sintió que el cuerpo se le engarrotaba de frió. Era tiempo del alegre frió invernal. Recordó que tenía previsto iniciar precisamente ese día. Un vuelo para visitar a sus parientes, ubicados a cientos de kilómetros. Y no estaría para saludar a su amiga…
Cuando la Nochebuena salió de su letargo; constantemente miraba al cielo. Añorando la figura de su amigo púrpura.
Pasaron los días y fue creciendo en vanidad. Su vanagloria se volvió intensa; a cada cliente que entraba, -vestido de traje-. Se le inclinaba. Y con elegante coquetería se mostraba pues, quería un hogar de lujo…como la casa del presidente.
Y cuando entraban personas con actitud de regatear su precio. Ladinamente bajaba sus hojas y no se ruborizaba, antes bien; su tono languidecía. Despertando un desprecio para su compra. Como era alta y esbelta –la gente decía- No, esa no está tiernita ¡mira esa otra!, de seguro no estorbará…
La Nochebuena vivía entre su pavoneo y su deseo de emigrar de aquel lugar. Parecía que el tiempo le jugaba entre una mesa rica o un cambio de pretensiones. –Savió-, mientras una lágrima caía. De pronto. Sintió que era arrebatada del suelo y como pudo se desembarazó de sus húmedos ojos. Buscó con ansiedad, el rostro de quién la compraba. Su desaprobación fue total. Era un niño andrajoso. Que negociaba con el jardinero por quince pesitos. ¡Es un regalo para mi madre enferma! El jardinero de mala forma, acepto. Mientras la Nochebuena, sin ápice de indulgencia blasfemó –aparte de mugroso. También tacaño-.
Sin embargo, percibió un ligero estremecimiento que le recorrió su arbóreo cuerpo. Entre subir y bajar en un monótono caminar lejano y luego un frenético movimiento y...un pintoresco y relumbrante macetón la recibió con alegría. Al paso de los días fue vistiéndose de hermosura. El niño, le hablaba y le cantaba; alababa su color púrpura. La proveía de agua. Ante cualquier insinuación de brote de semilla. ¡Era arrancada, de tajo! Arrepentida. Lloraba por haber albergado sueños materialistas. 
Hoy reconocía que la felicidad encontrada en aquel hogar humilde, iba contra sus pretensiones de “rococó”. Había deseado mucho y, lo encontró de forma distinta. Y su felicidad fue completa cuando escuchó decir que la cuidaban para un regalo de navidad…
La madre la colocó en su bello corredor. Entre varias plantas ella resaltaba por su belleza y se pavoneaba cuando los visitantes le piropeaban.
…Había deseado ser rica y encontró la riqueza del alma humana ¡Feliz Navidad! Gritaba de felicidad.

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