lunes, 4 de enero de 2010

EL BASURERO




Azotaba el frió sobre su frágil cuerpo. Apenas si alargaba su deshilachado suéter para cubrir sus manos. Mientras mostraba su caja de chicles. ¡Chicles, chicles! Caía la noche y la gente con algarabía, transitaba observando los escaparates de ropa, dulces y muchos juguetes. Pero, él sólo tenía su sorbo de moco que bajaba y subía en su protuberancia nasal. Sabía que esa noche, habría cena especial. Era Nochebuena. Y mañana, cuando abrieran los basureros, encontraría algún pedazo de pavo; desechado al bote del desperdicio. Con esa ilusión, encaminó sus pasos ofreciendo chicles para hacer de su largo trayecto un engaño de cercanía. Llegó al puente preferido, descendió y busco su derruido tubo de concreto; un cartón como petate y sobre su cuerpo arrimó hojas de papel periódico. Con la ilusión de despertar temprano y trasladarse al basurero para encontrar algún manjar extraviado de la noche anterior.

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