Azotaba el frió sobre su frágil cuerpo. Apenas si alargaba su deshilachado suéter para cubrir sus manos. Mientras mostraba su caja de chicles. ¡Chicles, chicles! Caía la noche y la gente con algarabía, transitaba observando los escaparates de ropa, dulces y muchos juguetes. Pero, él sólo tenía su sorbo de moco que bajaba y subía en su protuberancia nasal. Sabía que esa noche, habría cena especial. Era Nochebuena. Y mañana, cuando abrieran los basureros, encontraría algún pedazo de pavo; desechado al bote del desperdicio. Con esa ilusión, encaminó sus pasos ofreciendo chicles para hacer de su largo trayecto un engaño de cercanía. Llegó al puente preferido, descendió y busco su derruido tubo de concreto; un cartón como petate y sobre su cuerpo arrimó hojas de papel periódico. Con la ilusión de despertar temprano y trasladarse al basurero para encontrar algún manjar extraviado de la noche anterior.
lunes, 4 de enero de 2010
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