lunes, 4 de enero de 2010

COSAS DE DOS

Te marchaste, así de repente; como la ola del mar, que rompe el silencio y luego se esfuma. Su eco que irrumpía algunos instantes atrás se parece al sonido de tu marcha, así como ella y el mar. Te añoro más que nunca, eres la princesa de mis amores. Pero si prefieres permanecer callada sin hacer  llamada o  traer tu presencia a mis manos. Está bien, empero tu sabes que viajas por mis venas, que recorres la casa roja sin esperar la aurora; tú siempre duermes conmigo, y aunque el delirio te confunde con la almohada. Te aclaro, que no es por ser infiel. Sólo que los sueños te asemejan, cuando sellas tu llegada con la suavidad de la blanca nube y, cuando te alejas, creó oírte decir, amor, la tarde ya empezó. Entonces me refugio en ella, pues guarda tu calor…algo de humedad tuya y, tu silueta se dibuja aún como  fugas vuelo. Me pregunto porque dejaste de amar…no contestes; sabes, te extraño no porque ya no estés conmigo; te extraño aquí adentro de mi corazón…parece que te extravías en las olas del océano de los delirios y ahora que lo medito,  pasan los días y escapando van algunas lagrimas, que ruedan sin control, ya no sé adonde irán a parar...quizás lo sabes tú. Aunque es cosa de dos.

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